conversaciones

Esta historia ocurrió hace unos años, en una época que estaba buscando una persona para el puesto de Analista. Habían llegado decenas de curriculums y luego de leerlos todos, habia separado algunos para entrevistarlos personalmente. A cada candidato le enviaba un mail personal bastante informal para acordar una entrevista, luego de la cual decidía si seguir adelante o no. Un sistema que siempre me había dado resultados. Salvo aquella vez...

De: Max

Hola Juan, te escribo como respuesta a tu postulación para Analista en XXX.

Leí tu CV y me parece que está acorde con la posición que estamos buscando.

Qué te parece una entrevista el viernes a las 15hs?

La direccion es ......., Palermo

Confirmame si te queda bien,

Saludos,

Max

De: Juan

Hola Max

Honestamente no me es viable el horario solicitado ya que no resido en Capital sino en La Plata e ir para una entrevista a las 15.00 me significa la pérdida del día entero.

Adelantándome a tu pregunta sobre el motivo por el que aplico a un puesto tan lejano a mi domicilio, te doy como respuesta que estoy interesado en conocer la propuesta y si vale la pena, entonces veré de mudarme a la ciudad que dejé hace exactamente 6 meses.

Igualmente, quería consultarte, a fin de evitar una pérdida de tiempo, si podrías por favor informar sobre el monto que estás ofreciendo por el puesto en cuestión.

Muchas gracias

Juan

En principio me molestó un poco la respuesta. Si el flaco estaba postulandose para un trabajo en Capital (el anuncio lo decía claramente) por lógica implicaba que se iba a tener que mover para la entrevista. Pero no lo descarté y en cambio le envié el siguiente mail:

De: Max

Hola Juan,

entiendo perfectamente el inconveniente, y lo que te ofrezco es cambiar el horario para más tarde o más temprano (como prefieras)

Con respecto a la remuneración, es algo que prefiero convenir personalmente durante la entrevista.

Si te parece bien, agendemos una entrevista para esta semana o la que viene y charlamos en detalle; asi tambien conocés la ubicación y el lugar de trabajo.

Saludos,

Max

Lo que no me esperaba era que me respondiera lo siguiente:

De: Juan

Hola Max

Te invito a dejar volar tu imaginación y acompañarme en este relato hipotético:

Pensemos que vivís en el barrio de Belgrano y que estás buscando una casa para comprar.

Has visto una gran cantidad de propiedades y por diferentes motivos no te agrada ninguna. Has caminado, viajado… en fin, te has trasladado bastante hacia diferentes puntos geográficos.

Algunas viviendas son muy caras, muy pequeñas, te desagrada la distribución y sendas cuestiones relacionadas.

Todas estas experiencias te han enseñado que los avisos clasificados no siempre son exactos. Que muchas veces omiten datos y es entonces que decidís ser más específico en tu búsqueda. Determinás necesario conocer ciertos detalles antes de viajar al efecto de evitar perder algo tan valioso como es tu tiempo.

La historia termina aquí. Desde luego que como final abierto podemos agregar que existe la posibilidad que te pierdas grandes oportunidades o por el contrario, que te evites viajes ridículos. Ese es el coste de oportunidad que uno paga por las diferentes decisiones de su vida.

Saludos

Juan

Estuve meditando entre dos posibles respuestas: mandarlo al carajo por ponerse en estrella sin siquiera mostrar un solo argumento de su capacidad para el puesto o directamente no responderle. Pero al fin se me ocurrió una tercera posibilidad y fue la siguiente:

De: Max

Hola Juan,

realmente lograste captar mi atención con el relato hipotético que me regalaste, dado que justamente soy muy afecto a las fábulas.

Justamente se me viene a la mente una que parece hecha a medida de la que me relataste. Dice así:

Erase una vez un agente inmobiliario que tenia en alquiler varios departamentos en la zona de Palermo.

Este señor tenia una particularidad: le gustaban tanto sus departamentos que se empeñaba en encontrar el inquilino perfecto para cada uno. Así, se preocupaba de atender a cada uno de los potenciales clientes con esmero y dedicación, y mostrarles las mejores características de cada inmueble sin ocultar los detalles no tan deseables. Recibia a cada futuro inquilino en su oficina, le ofrecia un café, y mientras lo acompañaba personalmente a conocer el departamento en cuestión, se interesaba en la vida que llevaba y cómo sería su nueva vida en ese departamento. A continuación, dejaba que el cliente sopesara por si mismo los pros y los contras de mudarse a esa nueva locación, y que evaluara si las ventajas estaban de acuerdo al precio que pedia por la vivienda. Y finalmente, se sentaba a negociar sabiendo que ambos estaban en igualdad de conocimiento, tanto del departamento como del individuo que lo iba a habitar.

Nunca jamás permitió este señor que un futuro cliente tratara de averiguar por teléfono lo que él se empeñaba en mostrar personalmente. Le parecia una burla a su profesión que alguien se atreviera a evaluar solo por el precio un inmueble que habia visto en una revista o en una foto publicada por internet. Y por otro lado, nunca se atrevia a negociar con alguien que no conociera personalmente, no fuera que aceptara un trato por el trato en sí y que no le gustara la persona con la que lo habia hecho.

De esa manera logró hacerse de una cartera de clientes satisfechos y de una reputación en el mercado respetable.

Pero en cierta oportunidad, hubo un poeta que se quejó del sistema. Decia que su prosa intachable era un reflejo de su persona, que el trato personal era una pérdida de tiempo, que lo importante era el acuerdo y no el objeto por el qué acordaban.

El agente no se preocupó demasiado. Poetas habia muchos, lo que él buscaba realmente eran buenos inquilinos.

FIN

Te mando un abrazo,

Max

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